domingo, 4 de septiembre de 2016

1 hora

Llevo una hora encerrada en el baño de la oficina de mi trabajo. Una hora llorando sin parar, aunque me ponga ina compresa hecha con agua fría y papel higiénico, vuelvo a llorar a la menor provocación. No es que no me guste estar viva y vivir, la vida es hermosa, es solamente que no quiero que duela... Respira... Y bueno, ya que vino otro torrente de lágrimas y se calmó, continúo. Quiero que el dolor de vaya, ya hice todo lo que pude por mi cuenta: ya hice cosas nuevas, me puse a aprender, a no quejarme, me puse mensajes positivos. Mejoré, pero aunque me da menos frecuente, cuando me da, me derrumbo.

Acabo de tener que contar hasta 70, tocando mis dedos con el pulgar para evitar un ataque de ansiedad. Me duele la cabeza, por tanta mucosidad y llanto, me duelen los ojos también.

Duele. Todo duele.

He evitado ir al psiquiatra por muchas razones, la más fuerte es tener que depender de una sustancia para estar bien. No quiero, pero ya no puedo. Hoy ya consideré morir demasiadas veces y me acabo de "desconvencer" de que dando un saltito desde la terraza al vacío es sencillo, "es sólo un saltito". Eso me dio miedo. No quiero...

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